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“La curiosidad humana no tiene límites”

Dr. Fernando Zegers

Dr. Fernando Zegers

Entrevista aparecida en Programa EXPLORA CONICYT.

FERNANDO ZEGERS HOCHSCHILD

Médico. Director del programa de Ética y Políticas Públicas en Reproducción Humana de la Universidad Diego Portales.

“Nadie tendría derecho a impedir que una mujer se embarace si ella lo decide, aunque eso le significara la muerte, a menos que al hacerlo ponga en riesgo desproporcionado a su hijo”.

Médico de la Universidad Católica, Fernando Zegers Hochschild hizo su especialidad en Ginecología y Obstetricia en la U. de Chile cuando en el mundo aún se hablaba de infertilidad y no de reproducción humana. Posteriormente y como becario de la Organización Mundial de la Salud, se especializó en Medicina Reproductiva en la Universidad de Sheffield, Inglaterra y en la Universidad de Ghent, Bélgica. Desde entonces, ha dedicado sus máximas energías a esta materia, “desde una perspectiva médica, bioética y sicosocial”, enfatiza.

De amor y reproducción; genoma y células madre, nos habla este experto en reproducción humana y bioética. Se detiene en las palabras precisas, reflexiona sobre el concepto de ciencia y consciencia. Profundo y riguroso, provocador a ratos: “Yo he hecho de la ignorancia mi vida, justamente por eso mantengo lo que hago, mi trabajo se basa en respetar el desconocimiento, en darle tanto valor a lo que uno sabe como a lo que no sabe”, afirma.

Actual Director del programa de Ética y Políticas Públicas en Reproducción Humana de la Universidad Diego Portales, posee un extenso currículo en el que destaca su calidad de co-fundador y director de la Unidad de Medicina Reproductiva en Clínica Las Condes; Co-fundador y miembro del consejo directivo del Instituto Chileno de Medicina reproductiva (ICMER); Fundador y director responsable del Registro Latinoamericano de Reproducción Asisitida (RLA); Fundador y primer presidente de la Red Latinoamericana de Reproducción Asisitida (REDLARA), del que actualmente es consejero honorario.

Ha ejercido como consejero del Parlamento y del Ministerio de Salud en la discusión de leyes que regulan la reproducción asistida, anticoncepción de emergencia y la ley del genoma. Miembro del Comité de expertos que en 2002 inició la convención en contra de la clonación reproductiva en la ONU; actuó como perito ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que falló contra Costa Rica por prohibir la fertilización in vitro. Entre las numerosas distinciones que ha recibido destacan: Clinical Science Award, otorgado por la Sociedad Europea de Reproducción y Embriología (ESHRE) ; Doctor Honoris causa de la Universidad de Antofagasta, y Fellow del American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG).

¿Qué lo motivó a hacer investigación?

Yo diría que la curiosidad. La primera y principal motivación, que diferencia a nuestra especie, es la curiosidad que nos hace movernos sin que exista necesariamente un objetivo específico. La mayor parte de las especies que buscan más allá de lo que pueden ver o sentir qué es la curiosidad, lo hacen habitualmente con fines muy específicos de reproducirse, de alimentarse, de protegerse, evitar depredadores; casi siempre hay un objetivo bien específico. Los humanos somos una especie dotada de curiosidad que nos hace avanzar sin que necesariamente exista una necesidad específica; es una motivación interna de responder preguntas y de estar expuestos a la adrenalina que genera la ignorancia.

¿Qué implica tener una mirada bioética?

Es una manera de enfrentar la aventura. La bioética provee de instrumentos y de maneras de enfrentar la aventura y descubrir, de tal manera que al hacerlo no me dañe a mí ni a los demás y, que el balance entre beneficios y riesgos al que se somete a la gente, esté siempre muy equilibrado. Cuando uno decide hacer ciencia es central tener consciencia. Y tener consciencia significa tomar en cuenta los elementos científicos, éticos y sicosociales al momento de dar el siguiente paso. Un científico consciente se diferencia de un simple aventurero en que nunca deja de enfrentar la realidad que estudia, con una mirada holística. Así, frente a un cierto desafío puede decidir ir por un camino u otro, o abstenerse de recorrer un determinado sendero si estima que ello puede generar más daño que beneficio.

A la luz de su experiencia en el tema, ¿quiénes tienen derecho a reproducirse?

La primera respuesta es que toda persona con voluntad de amar como madre y como padre debiera tener derecho a reproducirse. Pero entiendo su pregunta desde la perspectiva de responder si mujeres solas o parejas lesbianas debieran tener la misma oportunidad de reproducirse que parejas heterosexuales. Frente a esta interrogante, la primera reacción habitualmente es pensar que tener hijos y formar familia es cosa de parejas heterosexuales, y que los niños nacidos de mujeres solas o parejas lesbianas, carecerán de la estructura familiar necesaria para un buen desarrollo. De hecho, aquellos que se oponen a la reproducción en estos casos, argumentan que afecta el bienestar de los niños. Lo que demuestra la ciencia sicosocial y los estudios realizados en familias de personas del mismo sexo o en mujeres solas, es que cuando la madre o la pareja les provee de amor y cuidado, el desarrollo sicosocial no difiere de personas nacidas de parejas heterosexuales que les otorguen los mismos beneficios. Es decir, la evidencia científica sustenta que es el amor y la estabilidad familiar lo que condiciona el bienestar de los niños.

La ciencia nos provee así de evidencias para construir un pensamiento bioético que evite la discriminación, produzca un buen balance entre riesgos y beneficios y no perjudique a las personas. Entonces, tienen derecho a reproducirse todos quienes tengan capacidad de amar y proveer los cuidados que se requieren para crecer y desarrollarse.

En esa perspectiva, ¿hay una mirada bioética del amor?

Con mucha frecuencia se habla del amor como un éter que le llega a uno del cielo y yo más bien creo que es parte de nuestra estructura molecular, genética; es parte de nuestra identidad genómica. La capacidad de expresar amor forma parte de nuestra estructura primordial. Lo que hemos aprendido de la medicina de la reproducción es que la capacidad de amar como mamá no cambia si ésta se embaraza con sus propios óvulos, con óvulos donados o si adopta. No existe ninguna diferencia en la relación madre hijo en mujeres que se embarazan con gametos de otras personas, con los que no comparte identidad genética. Si el amor fuera nada más que un éter que algunos tienen y otros no, no existiríamos como especie. El tiempo de dependencia de las crías con sus madres, destinado a protegerlas, alimentarlas y educarlas, es tan largo, que no existiríamos como especie si no hubiera un mecanismo estructurado para servir tan complejo y prolongado proceso. Eso es para mí lo que llamamos amor. Para que existamos como especie, los individuos tienen que estar dotados de ello, algunos lo pueden bloquear, por cierto.

¿Una mujer tiene derecho a embarazarse bajo cualquier circunstancia o bajo cualquier relación social?

Una mujer tiene derecho a vivir su autonomía y su vida privada como lo estime mejor. En relación a los nacidos, como dije antes, no existe evidencia que el nacer de una pareja lesbiana, o una mujer sola, aún después de su edad reproductiva, afecte negativamente el desarrollo de los niños.

Una situación extrema, por ejemplo, son mujeres drogadictas o con otras enfermedades, porque ello puede afectar su desarrollo. Entonces hay condiciones en que una mujer no debiera embarazarse, no porque no tenga capacidad de amar, sino porque no es capaz de criar.

¿En qué consiste la reproducción asistida?

Es un conjunto de técnicas que tienen por objeto hacer posible que una mujer se embarace si no lo puede hacer de manera natural. Hay muchas maneras de hacerlo: inseminar dentro del útero, estimular hormonalmente a la mujer que no ovula para que lo haga. Sin embargo, eso no es reproducción asistida, para que se llame así, ambos gametos tiene que ser extraídos y el embrión generado fuera del cuerpo de la mujer. Esa es una condición central y las técnicas para ello son la fertilización in vitro, la inyección intracitoplasmática de espermios con gametos propios o donados, la congelación embrionaria, entre otras. En Chile se practican todas y se realiza un promedio de 2.300 ciclos de técnicas de reproducción asistida al año. Un 15 por ciento de ellos son financiados por FONASA.

¿Cuál considera el mayor avance en materia de ciencia reproductiva en los últimos años?

Me parece que hay dos áreas muy notables: el descubrimiento del genoma humano y todas las implicancias que eso tiene y el uso de las células madre, para lo que se ha llamado medicina regenerativa. Las implicancias del descubrimiento del genoma humano son excepcionales porque, entre muchas cosas, hacen posible la identificación de características y de mutación de los genes que originan enfermedades. Hay mucha diferencia entre una persona que sabe que a cierta edad va tener alzheimer, y otra que vive desconociendo que lo va a padecer. También es diferente para la familia y para el mundo laboral. Es tremendamente complejo definir quién o quiénes tienen derecho a esta información y cómo hacer uso de ella. Esta es una de las cuestionas más trascendentes porque está en juego no sólo el derecho a prevenir enfermedades, sino la autonomía de la persona y el derecho humano a no ser discriminado por sus discapacidades o por la potencialidad de adquirirlas.

¿Qué alcances tiene el uso de células madre?

Este desarrollo científico va a producir un gran cambio individual y social por la posibilidad que implica de orientar células a funciones específicas. Nace así el concepto de auto-reparación: se puede generar un hígado nuevo, no a partir de un trasplante, sino a partir de tus propias células. Todo esto surgió con la clonación que también tiene fines terapéuticos, de generar células madre para autoreparación, a partir de células del embrión previo a la implantación en el útero.

Hace poco se descubrieron cuatro genes responsables de que una célula antes de morir, dé origen a otra. Hay un instante en el proceso de renovación celular, en que la célula es totipotencial. Se trata de genes de des-diferenciación que pueden hacer el camino inverso y, a partir de una célula somática diferenciada, pasar a ser una completamente des-diferenciada y, por lo tanto, reorientable hacia otra función. Hoy se repararan experimentalmente neuronas, retinas, etcétera. Pero, tal vez lo que generará mayor controversia es el hecho de que a partir de estas células madre se pueden también generar gametos (óvulos y espermatoziodes) y, a partir de ellos, un nuevo individuo, de química, nada más. Esto ya se ha hecho en ratones, y de células somáticas se generan gametos que luego dan origen a un individuo que es copia de su progenitor.

¿Dónde está el límite?

No hay límite, en el momento que alguien se fija un límite, siempre habrá otro que tenga curiosidad de saber que hay más allá, porque de eso se trata nuestra existencia. El desafío para la humanidad no consiste en saber dónde poner los límites. La humanidad no tiene límites, la curiosidad, la inteligencia no tiene límites. El punto es como equilibrar un pensamiento humano que es ilimitado con una manera de avanzar, que no lo dañe y lo beneficie. Desde una perspectiva bioética, hay que estar abierto a replantearse siempre nuevos principios porque la ciencia nos devela un mundo que es absolutamente impredecible y que no se puede detener.