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Fertilización con óvulos y espermios congelados: El dilema de decirle o no a un hijo que nació de gametos donados

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Por: Sebastián Urbina / Fuente: El Mercurio

Con el desarrollo de la fertilización in vitro, cada vez es más frecuente que las parejas infértiles recurran a la donación de espermios o de óvulos para tener hijos. Como consecuencia de esto, se produce el dilema de revelar o no esa realidad al niño o niña.

Este debate fue parte del simposio internacional “Armonizando ciencia y bioética al enfrentar los desafíos reproductivos”, que organizó la U. Diego Portales (UDP).

La moderadora del tema, la socióloga y doctora en Antropología de la Universidad de Barcelona, Florencia Herrera, advirtió que la reproducción con gametos donados es un fenómeno global, que está sometido a distintas legislaciones y que, según el lugar del mundo, recibe la influencia de distintas religiones.

“Por ejemplo, en el 20% de los países con legislación no se permite la donación de semen, como en el caso de Austria”, explica la doctora Herrera. Otras diferencias son si se paga una compensación por la donación o es de tipo altruista, si es anónima o se entrega la información del o de la donante, y si se limita o no el número de hijos que puede tener cada donante.

Pero más allá de las leyes o las creencias de cada país, la disyuntiva que enfrentan los padres de contarle o no al hijo es lo más difícil.

Bienestar del niño

Para el doctor Fernando Zegers, director del Programa de Ética y Políticas Públicas en Reproducción Humana de la UDP, lo primero que se debe considerar en esta decisión es el bienestar del niño.

Y aunque no hay evidencia categórica que incline la balanza hacia revelar o callar, lo que sí está claro es que si se le cuenta debe ser a temprana edad. “Un estudio europeo liderado por la U. de Cambridge, Inglaterra, dice que es mejor revelar esto a partir de los cuatro o cinco años, y para ello hay libros y material didáctico en que se explica esto en lenguaje para niños”, dice el doctor Zegers.

El problema de no revelar es que el niño puede conocer su condición por otras vías, incluso con un simple estudio de ADN. “En este caso se siente engañado, y por eso hoy se promueve el contarle su historia desde chico”, agrega el médico.

En Europa, revelar es lo que más se usa y por eso en muchos países los donantes ahora acceden a que después de los 18 años el niño o niña quiera conocerlo.

En el debate, la posición de decirle al niño la defendió la psicóloga Rosario Domínguez, de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Las Condes. “Esta decisión la debe discutir la pareja al momento de someterse a la fertilización con gametos donados, tomando en cuenta los derechos del niño como persona y su futuro bienestar, así como el de su familia”, advierte.

Ella considera que esta transparencia permite construir vínculos basados en la verdad y la confianza. Además, así se toma en cuenta el derecho del hijo a conocer su verdadera historia, y de paso “se expresa y refuerza la normalidad y la nobleza de la decisión que tomaron los padres”, dice Domínguez.

El doctor Guido Pennings, profesor de Ética y Bioética de la U. de Gante, en Bélgica, defendió la postura de no contarle al niño.

Según él, los psicólogos están convencidos de que los secretos son malos para las personas y sus relaciones. “Los secretos no son necesariamente malos y la transparencia no es necesariamente buena, ya que ambas cosas dependen de muchas circunstancias”, dice el académico.

Hasta ahora los estudios no muestran diferencias entre ambos tipos de niños, o en el funcionamiento de sus familias.

Pennings favorece la autonomía reproductiva de las parejas. “¿Por qué dejar que un gobierno u otra institución decida si decir o no?”.

Muchas veces el secreto, dice, protege al niño de la discriminación en ciertas sociedades, al tiempo que le permite al padre ser visto como tal en el ámbito social.